sábado, 18 de febrero de 2017

Winter's tale (Cuento de invierno)

de William Shakespeare. dirección: Declan Donnellan.
producción: Cheek by Jowl.
con Grace Andrews, Joseph Black, Tom Cawte, Ryan Donaldson, Chris Gordon, Guy Hughes, Orlando James, Sam McArdle, Eleanor McLoughlin, Peter Moreton, Natalie Radmall-Quirke, Joy Richardson, Abubakar Salim, Edward Sayer.
 
18 de febrero de 2017. Centro Niemeyer (Auditorio), Avilés. 175’ aprox. (con descanso). (inglés sobretitulado)


Leontes, el rey de Sicilia y Políxenes, el de Bohemia, son amigos desde la infancia. Pero las cosas se complican cuando Leontes cree que Hermiona, su esposa, le engaña con él. La muerte del hijo y de la esposa y el abandono en una playa de la hija recién nacida  serán la cosecha de esa locura desatada por los celos. Finalmente, el oráculo se cumplirá y Leontes tendrá una segunda oportunidad cuando esa hija perdida y el hijo de Políxenes se enamoren y la estatua de Hermiona recupere la vida.

Es como si, seis años después, el Niemeyer volviera a sus orígenes. A ser de nuevo un centro cultural internacional como en aquellos tiempos en que Shakespeare nos frecuentaba de la mano de Sam Mendes y Kevin Spacey con obras tan magníficas como La tempestad o Ricardo III. Las casi tres horas de este Cuento de invierno se han pasado en un suspiro con esta propuesta escénica sencilla y polivalente que solo necesita un impecable uso de las luces, unos bancos y un gran cajón blanco para actualizar espléndidamente este dráma lúdico del último Shakespeare. La idea inicial de que los celos de Leontes se muestren en forma de soliloquio, con los demás personajes como marionetas calladas en el escenario, es una manera perfecta de plantear el detonante del drama. La segunda parte de la obra, en la que muy oportunamente se agiliza el texto, se abre con la repetición de las últimas palabras de la primera para que nadie se pierda lo bien que se relaciona el final del tercer acto con el estupendo monólogo con el que el personaje del tiempo justifica el salto de dieciséis años y el giro alegre y feliz que tendrá la historia en los actos cuarto y quinto. Declan Donnellan hace una actualización que juega con recursos tan bien traídos como los espectáculos musicales, los programas de telebasura o las fiestas populares para proponer situaciones que le vienen de maravilla al texto. Magníficamente iluminada, excelentemente interpretada y con un montaje impecable y atractivo, este Cuento de invierno de Cheek by Jowl nos depara una experiencia de teatro superlativo que resulta mucho mejor de lo que esperaba tras la lectura del texto. Eso sí, aunque disfrutemos muchísimo con la versión que nos trae esta extraordinaria compañía shakesperiana, está claro que los ingleses no tienen muchas lecciones que darles a los teatreros españoles. Sobre todo si recordamos que en este mismo escenario se han visto montajes tan magníficos como el Hamlet de Miguel del Arco, el Julio César de Paco Azorín o el Don Juan Tenorio de Blanca Portillo. Son este tipo de actualizaciones memorables de los clásicos y de intercambios internacionales de gran altura los que da gusto ver en un espacio tan bello y excepcional como nuestro querido Centro Niemeyer.

viernes, 10 de febrero de 2017

Yo, Feuerbach

de Tankred Dorst. Dirección: Antonio Simón.
Una coproducción del Grec 2016, Festival de Barcelona y Velvet Events S.L..
con Pedro Casablanc  y Samuel Viyuela.

10 de febrero de 2017. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 90 aprox.


Una actor veterano entra en un escenario para una prueba. Allí no está el director que lo ha citado sino su joven ayudante. Durante la espera Feuerbach habla de su pasado en el teatro, de su relación con los directores, de sus dotes interpretativas. Se lo cuenta a ese joven que no lo conoce y al que él parece despreciar. En su soliquio se le escapan sin querer los motivos por los que ha estado fuera de escena en los últimos siete años.

Nada más salir, Feuerbach pide luz y pregunta si alguien lo ve. Sí. Lo vemos. Y será imposible dejar de mirarlo porque quien interpreta durante hora y media este oportunísimo papel es nada menos que el gran Pedro Casablanc. El texto de Tankred Dorst es prácticamente un monólogo sobre un actor que sin querer muestra y demuestra lo que para él es el teatro. Un soliloquio con un único espectador muy bien interpretado por Samuel Viyuela que ha sido capaz de resolver brillantemente el difícil reto de dar la réplica a Casablanc y estar a su altura. Por la idea y por la impecable puesta en escena, este Yo, Feuerbach me ha recordado desde el principio a la magnífica La Venus de las pieles. Pero no la de David Ives que David Serrano trajo aquí hace tres años, sino a la espléndida adaptación que Polanski hizo de la novela de Leopold von Sacher-Masoch en su magnífica película, la más teatral que recuerdo. En Yo, Feuerbach también hay una obra futura en la que falta un intérprete y un diálogo asimétrico con un director en un escenario. Pero aquí no es la tensión sexual, sino la generacional, la que centra este drama perturbador sobre un actor perturbado. Con un planteamiento poderoso y momentos muy destacados (la escena de los pájaros es extraordinaria) el texto de Tankred Dorst es sugerente y atractivo. Pero es Pedro Casablanc quien lo convierte en una obra única y memorable. Con esa voz capaz de llenar y enmudecer cualquier teatro (que pertinente resulta con él ese pasaje en el que Feuerbach habla del silencio del público), con esa dicción perfecta que sabe acelerar, desgarrar o convertir en irónica a su antojo y con esa presencia rotunda de animal escénico incomparable, Pedro Casablanc demuestra que le sobran recursos para bordar y llevar adonde quiera lo que propone este exigente texto. De hecho, con él todo resulta fácil. Y hasta parece que este Yo, Feuerbach se le queda pequeño si uno recuerda lo que llegó a hacer en el inolvidable José K. torturado de Javier Ortiz que vimos hace cinco años en aquellos primeros off avilesinos que tuvieron su sede en Los Canapés. O en ese esfuerzo titánico (que con él no lo parecía) en Hacia la alegría de Oliver Py que disfrutamos en La Abadía hace un par de años. O con esa mutación increíble por la que, solo una semana después, se convirtió en Barcenas en el off del Niemeyer. Monólogos (o casi) que, como el de hoy, demuestran que Pedro Casablanc está en lo más alto del olimpo de la escena actual. Así que ha sido otra noche memorable en la que ha quedado claro que, tras ser interpretada por él, Yo, Feuerbach nunca podrá ser mejor.