viernes, 13 de octubre de 2017

3 hermanas

de Antón Chéjov. Adaptación y dirección: Raúl Tejón.
producción: Mano a Mano
con Ana Fernández, Raquel Pérez, Marina San José, Fernando albizu, Emilio Baule, Carles Francino, David González, Sabrina Praga, Chema Trujillo y Antonio Vico.

13 de octubre de 2017. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 125’ aprox. Estreno absoluto.

Olga, Masha e Irina sueñan con volver a vivir en Moscú. Ya ha pasado un año desde la muerte de su padre y la vida va pasando tristemente para las tres. También para Andrés, el hermano casado con una mujer con la que ellas no congenian. La presencia de unos soldados en el pueblo aporta novedades a unas vidas que seguirán siendo muy conscientes de su deriva cuando ellos se vayan.

Trabajo, familia, futuro, cultura, amor, filosofía, sueños, angustia, tiempo... Chéjov. 3 hermanas habla de cómo pasa la vida. La de esa familia con tres mujeres tristes y la de un país que intuye un futuro en el que todo cambiará para que todo siga igual. Son diez personajes que se mueven como espectros en un espacio oscuro bajo quince bombillas cálidas. Casi siempre están todos en el escenario. A veces de espaldas. Con protagonismos intermitentes en una puesta en escena que acertadamente renuncia a cualquier ambientación que ancle en un tiempo o un espacio esta historia rusa tan intemporal. 3 hermanas está a un paso del teatro del absurdo y a medio de un singular existencialismo costumbrista. Ese es el tono de una obra que Raúl Tejón ha sabido actualizar levemente en el texto y más radicalmente en una puesta en escena muy sobria pero muy acertada. Ana Fernández, Raquel Pérez y Marina San José están muy bien en los papeles de esas hermanas que comparten desesperanza. Junto a ellas destaca especialmente Sabrina Praga encarnando (en argentino) a esa cuñada que primero es despreciada y luego se convierte en lideresa de ese hogar emocionalmente desvencijado. También están muy conjuntados los otros seis actores que aportan el contrapunto masculino en este universo femenino y desolado. Son tres hermanas con vidas extrañadas por motivos bien diferentes a los de aquellas dos hermanas, también dolientes, que conocimos en otro estupendo estreno hace solo una semana (sutilezas de una programación teatral que siempre nos depara sorpresas muy gratas). Un texto tan poco amable como el de Chéjov y una escenografía tan poco efectista como la de Raúl Tejón han sido, sin embargo, muy bien recibidos por un público que ha  aplaudido cálidamente en esta noche de estreno. Me alegro de que haya sido así.

sábado, 7 de octubre de 2017

Hermanas

de Leticia Sánchez Ruiz. Puesta en escena: El Callejón del Gato.
producción: El Callejón del Gato
con Ana Eva Guerra y Borja Roces.

7 de octubre de 2017. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 60’ aprox. Ciclo "Hecho en Asturias". Estreno absoluto.

El 18 de julio de 1936 la hermana menor iba a estrenar un vestido amarillo para la fiesta. Pero no la hubo. La hermana mayor nos lo cuenta. También todo lo que tuvo que pasar desde entonces y lo fácil que fue siempre la vida para la otra. Al final, también escucharemos su relato. Y entenderemos por qué siempre que recuerda la guerra comienza hablando de aquel vestido amarillo.

La presencia y gestualidad de Ana Eva Guerra es rotunda e impecable. Con el naturalismo justo para encarnar con fidelidad el verbo y los ademanes de ese tipo de mujerona rural, consigue no caer en el efectismo costumbrista que podría haber convertido en caricatura los rasgos de ese personaje tan simple como carismático. De hecho, siendo una historia asturiana, la obra se podría representar en cualquier lugar de España y el público reconocería a esa mujer como alguien bien cercano. El texto está magníficamente estructurado con esos dos momentos asimétricos que hacen que el relato de la hermana  mayor quede magníficamente cerrado con el torrencial y catártico discurso-réplica del final. Bien escrito y con una dosificación perfecta de la información, Hermanas me hace pensar en otro texto teatral tan impresionante y conmovedor sobre el mismo tema como Los niños perdidos de Laila Ripoll. Aunque realmente es un monólogo en el que Ana Eva Guerra demuestra un dominio total del gesto y la palabra, también hay que resaltar la presencia de un Borja Roces silente en el papel de ese curioso contrapunto masculino que, en cierto modo, me ha recordado también la estupenda puesta en escena de Sensible que, en este mismo escenario, interpretaron Kiti Mánver y Chevi Muraday hace un par de semanas. Así que ha sido una noche muy grata la de este estreno que demuestra, una vez más, buena la salud, la tenacidad y la calidad del teatro que se hace aquí.

viernes, 6 de octubre de 2017

En tierra

de George Brant. Dirección: Sigfrid Monleón e Isabelle Stoffel.
Producción: Recycled Illusions
interpretación, versión y traducción: Isabelle Stoffel.
 
6 de octubre de 2017. Centro Niemeyer (Club), Avilés. 105’ aprox. Ciclo Off-Niemeyer. Estreno absoluto.


Ella es piloto de cazas y disfruta lo indecible en sus misiones de ataque rodeada por el inmenso azul. Su felicidad es completa cuando encuentra al hombre que comprende su pasión. Con él tendrá una hija que por un tiempo la alejará de su trabajo. Cuando regresa seguirá matando enemigos en desiertos lejanos. Pero lo hará desde tierra, en un contenedor en el que controla los drones que vigilan y atacan objetivos a miles de kilómetros de Nevada. Ahora su azul es gris y cada día le resulta más difícil regresar a casa.

Ella es Isabelle Stofell y hoy estrena en nuestro off esta magnífica obra que traduce, versiona y codirige con Sigfrid Monleón. Hace cuatro años ya estuvo aquí con La rendición, otro espléndido monólogo, también dirigido por Monleón, que fue la segunda obra que se representó en esta sala. En tierra trata el mismo tema que Espías desde el cielo, la trepidande película de Gavin Hood que estaba llena de tensiones y dilemas morales. George Brant se concentra en las emociones de esta piloto apasionada que terminará desquiciada por sus conflictos éticos. Con una fuerza interpretativa impresionante y una variedad de registros increíble, María Stoffel nos hace sentir el vértigo de acompañarla desde la cabina de ese caza en el que tanto disfrutaba rodeada de su azul hasta ese contenedor en el que descubre que sus grises hazañas se ven de otro modo cuando tiene a los suyos tan cerca. La Iliada no habría sido igual si los contendientes de la guerra de Troya durmieran cada noche en su hogar. Nos lo dice ella misma en un momento de esta obra hiperrealista que también es evocación poética de sentimientos al límite. Anne Hathaway ha tenido un gran éxito con este texto que pronto tendrá también versiones cinematográfica y operística. Pero será difícil que resulten más conmovedoras que esta obra tan bien concebida y tan magníficamente interpretada por Isabelle Stoffel. 

sábado, 30 de septiembre de 2017

Ensayo

de Pascal Rambert. Texto, dirección y espacio escénico: Pascal Rambert.
una producción de Buxman Producciones con la colaboraciónde la Comunidad de Madrid.
con Fernanda Orazi, María Morales, Jesús Noguero e Israel Elejalde.
 
30 de septiembre de 2017. El Pavón Teatro Kamikaze, Madrid. 105’ aprox.


Cuatro personajes ensayando una obra. Son dos actrices, el autor y el director. Pero también son dos parejas que llevan veinte años compartiendo vida, afanes teatrales y sueños generacionales. Pero en un instante todo eso se rompe. Una fugaz mirada adúltera desata el desastre. Y libera un torrente de reproches sobre la vida que llevan, sobre lo que quisieron ser y sobre lo que son ahora. Primero habla la actriz que descubre la traición y dinamita la estructura de este grupo que se creía muy estable. Luego toma la palabra la otra mujer y reivindica la posibilidad y el derecho de amar a dos hombres. Después será el autor quien se defienda. Y finalmente el director cerrará este ensayo interpelando a los jóvenes que los contemplan. A esa generación a la que la nuestra no parece tener nada que dejar.

Tras el descubrimiento del teatro de Pascal Rambert en el Palacio Valdés con La clausura del amor, nos resultaba inevitable venir a Madrid para ver su segunda obra en colaboración con los del Kamikaze, que tan merecidamente han recibido esta semana el Premio Nacional de Teatro. Frente a nosotros un escenario desnudo iluminado, como en la anterior, por veinticuatro  fluorescentes blancos. En torno a una mesa van a preparar una obra cuatro seres que comparten profesión, afanes y vidas. En lo que dura un parpadeo estalla un conflicto que, como en La clausura del amor, se desarrollará en monólogos sucesivos. Pero si en aquella pareja inolvidable que interpretaban Israel Elejalde y Barbara Lennie el tema era el (des)amor y su subtexto el lenguaje, aquí estos cuatro combatientes de la palabra y de la vida multiplican los ámbitos de la contienda. Es un texto impresionante otra vez sobre el amor, pero también sobre el teatro y sobre las utopías incumplidas. Las de cada uno y las de todos. Pero sobre todo, es de nuevo una reflexión honda y lúcida sobre el lenguaje y sobre la vida. Sobre el arte y sobre la escena. Un huracán de soliloquios extraordinarios que atrapan el cerebro y el corazón del espectador como pocas veces sucede en un teatro. Son casi dos horas de torbellinos verbales intempestivos, de reflexiones en voz alta a tumba abierta. La que parece que va a tragarse a este grupo que se consideraba una estructura y que ahora vemos a punto de colapsar. Pero también podría ser la intensidad infinita de los pensamientos que podrían intuirse en apenas un parpadeo, en el tiempo que dura la fugaz mirada entre un hombre y una mujer. Pascal Rambert no es solo el autor de un texto más que superlativo (se hace difícil adjetivar sobre una obra en la que todo es radicalmente sustantivo). También es el director que consigue que estos cuatro actores impresionantes se sientan completamente libres para moverse por un escenario que es una sala de ensayos en la que nosotros contemplamos lo que no se puede ver: la estructura y su derrumbe, el texto y su hipertexto, el teatro y lo que está más allá de él... El de Rambert es un teatro filosófico que supura poesía. O un teatro poético que obliga a filosofar. A pensar más allá del lenguaje. A partir de lo mucho que sus personajes dicen para interpelar a los que vendrán, a esa generación a la que el director, que también es Rambert, se dirige al final. Tenemos mucha suerte en España teniendo a los del Kamikaze. Y tenemos mucha suerte con esa sintonía perfecta que ellos tienen con ese autor extraordinario que es Pascal Rambert. Perece que seguirán haciendo más cosas juntos. Ojalá que las podamos ver en Avilés. Si no, no hay ninguna duda: habrá que venir sin falta a Madrid y reservar con tiempo en el Pavón.
    

viernes, 29 de septiembre de 2017

El amante

de Harold Pinter. Dirección artística: Alex García. Creación gastronómica: Diego Guerrero. Versión y dirección: Nacho Aldeguer.
produce: El Loco.
con Daniel Pérez Prada y Verónica Echegui.
 
29 de septiembre de 2017. El Pavón Teatro Kamikaze, Madrid. 105
aprox.

Hace diez años que se casaron. Nosotros somos los amigos de esta pareja a la que hemos preparado una fiesta sorpresa en el vestíbulo superior del Teatro Pavón. Después de charlar y sonreír mucho mientras nos tomamos una cerveza tostada, un aperitivo exquisito y un cóctel de ron, bajamos con ellos al teatro. Primero los veremos en un breve video acaramelado. Luego en su intimidad pinteriana. La que ella comparte con él. Y la que reserva para ese amante que él parece tolerar.

Una experiencia teatral única en dos tiempos y dos tonos. En la primera no cuesta sentirse viviendo ese tipo de fiestas tópicas y algo horteras con que celebramos en España las bodas y aniversarios. El ambiente me recuerda al de aquella estupenda noche en el off del Lara en que también compartíamos con tres hermanos una fiesta de despedida en Que vaya bonito de Jorge-Yamam Serrano. Tras la fiesta y el pequeño ágape (delicioso ese aperitivo acompañado por una buena cerveza y un cóctel muy elaborado) bajamos al patio de butacas para encontrarnos con una segunda parte que es otro teatro. El de la cotidianidad aburrida y educada de este matrimonio burgués. Una vida en pareja que también es tensa y apasionada. El amante está en elipsis, aunque a veces no. Parece ser otro, aunque quizá tampoco. Daniel Pérez Prada y Verónica Echegui están muy bien como pareja convencional. Y mucho mejor en las escenas más apasionadas, casi oníricas, en las que aparece esa brecha que une a esta pareja. Ese dolor adúltero con el que tanto parecen disfrutar. Así que Harold Pinter no nos defrauda. Y esta doble experiencia teatral tampoco.

viernes, 22 de septiembre de 2017

Sensible

de Constance De Salm. Versión y dirección: Juan Carlos Rubio.
una producción de Concha Busto Producción y Distribución, Rovima Producciones, Juan Carlos Rubio, Avanti Teatro, Galdo Media, Mucho Ruido Records y Txalo Producciones.
con Kiti Mánver y Chevi Muraday.
 
22 de septiembre de 2017. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 75’ aprox. Estreno absoluto


Una mujer madura cree que su joven amante la ha dejado por otra mujer. Van pasando las horas y va creciendo su sufrimiento. Y el de ese otro hombre que la quiere y no tiene ninguna posibilidad.

Estrenamos temporada y abono en el Palacio Valdés (otro año en un lugar estupendo: fila cuatro en el lado izquierdo). Volvemos a nuestro querido teatro con una sala recién pintada y hermosamente dispuesta para este otoño lleno de estrenos  en el que se cumplen veinticinco años de la rehabilitación (casi resurrección) de este teatro. La semana pasada me invitaron a participar, como "abonado histórico", en un programa en directo que la SER de Asturias le dedicó en este mismo escenario. Pude decir muy poco, pero destaque la fortuna de que aquella recuperación fuera tan respetuosa con el diseño original de este cuerpo arquitéctónico que dentro de tres años será centenario. Un cuerpo que en estos veinticinco años ha estado animado por la mejor programación imaginable gracias al trabajo tenaz de alguien tan sensato y con un criterio teatral tan atinado como Antonio Ripoll. Cada año veo en mi ciudad unas treinta obras de lo mejor del teatro español (y en español). Disfrutar cotidianamente de algo así creo que solo es posible en lugares como Madrid, Barcelona o Buenos Aires, y eso acertando en la selección. Así que los asturianos fuimos muy afortunados con la recuperación de este espacio escénico, como también lo fuimos hace once años con ese magnífico regalo que nos hizo Oscar Niemeyer y en el que también podemos disfrutar del mejor teatro en ese Off que Antonio Ripoll viene programando allí desde 2013 (o desde 2012 si contamos el anticipo de Los Canapés). Pero vayamos con este estreno que abre una temporada en la que habrá cuatro. Sensible es un texto sobre el sufrimiento y el desamor que no me dice mucho. Seguramente porque sigo impresionado con esa experiencia literaria y teatralmente sublime que,  sobre este mismo tema, fue La clausura del amor de Pascal Rambert (el próximo fin de semana iremos a Madrid para ver en el Pavón Kamikaze otra obra suya: Ensayo) y porque también tengo reciente la versión que interpretó Antonio Dechent de esa misma amargura en La voz humana de Jean Cocteau. Pero, aunque el texto me parece menos sugerente, sí consigue convencerme la interpretación apasionada y creíble de Kiti Mánver en un papel que le va francamente bien. Y también el contrapunto coreográfico de ese personaje masculino casi siempre silencioso que encarna un Chevi Muraday con una presencia magnífica y que, las pocas veces que habla, también lo hace muy bien. Juan Carlos Rubio saca el mejor partido a esa plataforma giratoria en la que también se mueven dos elementos centrales que son a la vez tálamo, túmulo y hasta las agujas de un inmenso reloj. Así que ha sido bastante grata esta  noche de estreno en la que una buena dirección ha sabido mejorar mucho lo que el texto daba de sí. Por lo demás, una actriz magnífica, que defiende muy bien este monólogo en femenino singular, y un buen coreógrafo, que ha aportado una presencia rotunda y pertinente a las dolientes ausencias masculinas sugeridas por Constance de Salm, consiguen hacer que Sensible realmente lo sea. Así que no empezamos nada mal esta nueva temporada en el Palacio Valdés.


sábado, 26 de agosto de 2017

Próximo

libro y dirección: Claudio Tolcachir. 
producción: Complejo Teatral de Buenos Aires 
con Santi Marín y Lautaro Perotti.

26 de agosto de 2017. Timbre 4, Buenos Aires. 70’ aprox.

Pablo es argentino y malvive en Australia. Elián es español y trabaja en una serie de televisión. Los dos tienen una relación muy estrecha a través de las pantallas. Se quieren. Se cuidan. Y se sienten muy próximos.

Tras el reencuentro de anoche con la primera obra de Tolcachir, vuelvo hoy a Timbre 4 para disfrutar con su último trabajo, la historia de la intimidad cotidiana de una pareja  que solo se ve a través de pantallas. Santi Marín es un actor español que no conocía y que está estupendo haciendo de ese compatriota que me ha recordado en algo al personaje de una magnífica película reciente: Selfie de Víctor García León. Lautaro Perotti hizo precisamente de Marito en los primeros tiempos de La Omisión de la familia Coleman y está perfecto aquí aportando sentimiento y naturalidad a su hermoso personaje (por cierto, que ahora hace doblete en Timbre 4: también está el Tebas Land, la exitosa obra del uruguayo Sergio Blanco que se estrenará en España, precisamente en el Palacio Valdés, con Israel Elejalde a mediados de noviembre). Próximo sería perfecto para un off en el Niemeyer. Aunque visto por un español rodeado de argentinos en Timbre 4 con la presencia inesperada de otro español interpretando esta historia de amor virtual con un argentino, la experiencia resulta muy especial. Pensando en estos vínculos entre las pantallas que conectan nuestros sentimientos a miles de kilómetros, y en los que también se dan entre las salas de teatro, recordaba esas conexiones entre los espacios de las que hablaba García Martín hace pocas semanas. Él se refería a un pasaje literario de la calle Florida que quizá conecte con otro de París. Es el pasaje Güemes en el que también estuve ayer. Mañana volaré a Asunción, pero ya sé que volveré pronto a Buenos Aires. Quizá mientras disfruto de alguna nueva obra de Tolcachir. Quizá en cualquiera de esos teatros íntimos y sentimentalmente gemelos de este que tenemos en Avilés o en Madrid. O si no, buscándome algún otro pasaje. Cualquiera que me traiga de vuelta hasta aquí. Ya digo. Volveré a Buenos Aires.


viernes, 25 de agosto de 2017

La omisión de la familia Coleman

libro y dirección: Claudio Tolcachir. 
con Cristina Mresca, Miriam Odorico, Inda Lavalle, Fernando Sala, Tamara Kiper, Diego Faturos, Gonzalo Ruiz y Jorge Castaño.
 
25 de agosto de 2017. Teatro Metropolitan, Buenos Aires. 95’ aprox.


Una abuela con mucha presencia. Una madre de unos nietos que parece uno más de ellos. Y Marito, el que descoloca siempre a los demás. Sobre todo a Verónica, la única que no vive con ellos. Los vemos primero en la casa. Luego en el hospital.

Mañana volveré a Timbre 4 para ver en su lugar natural Próximo, la última obra de Claudio Tolcachir. Así que casi era obligado volver a ver la primera cuando, después de tantos años, me la encuentro de nuevo frente al hotel en el que suelo alojarme cuando vengo a Buenos Aires. Ver La omisión de la familia Coleman en el 2008 en el Palacio Valdés fue descubrir otro teatro. Otra escritura teatral (en la que lo que se muestra va mucho más allá de las palabras y los subtextos) y otra forma de interpretar en clave más que coral (aunque nunca olvidaré la presencia de Araceli Dvoksin en el papel de la abuela). Después de miles de funciones y muchos éxitos en todo el mundo han recalado en la sala pequeña del Metropolitan de Corrientes y yo he podido confirmar aquellas sensaciones. En el avión volví a leer el texto así que aún he disfrutado más de esta noche de reencuentro con la cotidianidad tremenda de esa familia, a veces tierna y casi siempre desquiciada, en la que los destellos de lucidez salen de la locura de ese personaje magnético que es Marito. Un gusto terminar así el primero de los dos días que he decidido pasar en Buenos Aires antes del trabajo que me espera en Asunción y Encarnación con la Cátedra CTS.


viernes, 18 de agosto de 2017

El cíclope y otras rarezas del amor

escrita y dirigida por Ignasi Vidal.
una producción de: Olympia Metropolitana S.A., Emilia Yagüe producciones y Unahoramenos producciones.
con Manu Baqueiro, Celia Vioque, Sara Rivero, Daniel Freire y Eva Isanta.

18 de agosto de 2017. Centro Niemeyer, Avilés. 90’ aprox. Estreno absoluto.

Ocho encuentros de parejas. En lugares como un bar, un piso, un parque o una inmobiliaria. Algunos son reencuentros que podrían consolidarse. Otros prologan amores perfectos que luego quedarán truncados. También hay rupturas que no llegan a serlo. Y siempre la turbación de sentir que el amor ideal ha pasado justo al lado.

Ocho diálogos magníficos en una rayuela. La que los actores van pintando y levantando para componer cada cuadro. Y también la de Cortázar en que se inspiran estas historias cruzadas. En el capítulo séptimo de su novela está  la clave del tema y el tono de esta obra que esboza amores posibles, deseables y amortizados. Antes de comenzar, Ignasi Vidal salió al escenario para que todos pudiéramos compartir con un minuto de silencio la emoción por lo que ayer sucedió en Barcelona. Luego cambió el motivo pero la emoción siguió. La posibilidad de hacer real aquel juego amoroso que imaginó Cortázar. La conciencia de que es lo más efímero lo que resulta perdurable. La aceptación de que el azar teje y desteje lo bueno de la vida. Esos son algunas de las cosas que Ignasi Vidal nos muestra con El cíclope. De él ya hemos visto en el off del Niemeyer otras obras estupendas. El año pasado Dignidad en la que, además de autor y director, era también intérprete. Y en enero de este año El plan, otro texto magnífico que sacaba el mejor partido del hiperrealismo masculino.  Hoy ha sido una noche de estreno con cinco actores impecables, un texto conmovedor y una puesta en escena tan sencilla y bien trabada como hermosa y pertinente. Y con el auditorio lleno ha conseguido mantener esa cálida intimidad que solemos disfrutar en el club teatral que tenemos justo debajo. Así que, tras este estreno avilesino, El cíclope y otras rarezas del amor debería tener mucho éxito en otros teatros. El trabajo de Ignasi Vidal bien lo merece.

domingo, 13 de agosto de 2017

Marco Aurelio

de Agustín Muñoz Sanz. Dirección: Eugenio Amaya.
una coproducción de Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida y Teatrapo Producciones.
con Vicente Cuesta, José Vicente Moirón, Gabriel Moreno, Cándido Gómez, María Lama, Roberto Calle, Fermín Núñez, Cristina Rosa y Juan Carlos Guajardo.

13 de agosto de 2017. Ruinas de Cáparra. 63º Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, Cáparra. 110’ aprox.

Los últimos días de aquel buen emperador que también era filósofo. Vemos sus padecimientos por la enfermedad y la ayuda que le presta su médico Galeno. También vemos su inquietud por el futuro del imperio y el consuelo de verse acompañado por su esclavo Crispino. Y asistimos a sus reflexiones sobre la brevedad de la vida y sobre lo que realmente importa.

Tercera noche de teatro bajo las estrellas a la vera de este arco. La última del magnífico estreno de esta nueva extensión del festival de Mérida. Vicente Cuesta está rotundo en este personaje reflexivo y sobre todo doliente (extraordinaria su interpretación  del sufrimiento del anciano asmático). También está impecable José Vicente Moirón en el papel de Cómodo, ese hijo que apunta las peores maneras para asumir la herencia del emperador. El trabajo de este actor es aún más estimable dos días después de haber encarnado en este mismo escenario al impresionante Edipo por el que fue nominado en los premios Max. También es muy bueno ese coro convertido en cuerpo de danza que se encarga de separar las escenas con atractivas coreografías. Sin embargo, este Marco Aurelio no me acaba de convencer. Pretende ser teatro filosófico sobre un gran personaje histórico, pero matiza poco su estoicismo presentándolo, más bien, de manera maniquea. Que él era muy bueno y su hijo muy malo ya lo sabemos, pero falta profundidad y detalle en el análisis y originialidad en la propuesta. Los parlamentos pretendidamente filosóficos resultan algo obvios y a veces redundantes. Así que creo que Agustín Muñoz Sanz no ha conseguido que su texto tenga la suficiente fuerza e interés para hacer del personaje de aquel emperador alguien tan cautivador como su antepasado Adriano. Pero quizá sea yo el que esperaba demasiado. Teniendo en mente las memorias que Marguerite Yourcenar escribió sobre aquel otro emperador y el memorable Calígula de Albert Camus que acaba de estrenar Mario Gas en Mérida, seguramente creía que la magia de este lugar nos haría asistir a un nuevo espectáculo de esa altura. En todo caso, han sido tres noches extraordinarias las que hemos vivido desde el viernes en estas piedras de Cáparra que ya han quedado bautizadas para el teatro. Esperamos volver a disfrutar en ellas el próximo verano.

sábado, 12 de agosto de 2017

Los pelópidas

de Jorge Llopis, versión de Florián Recio. Dirección: Esteve Ferrer.
una coproducción de Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida y Suripanta Teatro.
con Eva Gómez, Simón Ferrero, Eulalia Donoso, Ana García, Paca Valerdiez, Juan Carlos Tirado, Pedro Rodríguez y Jesús Martín Rafael.

12 de agosto de 2017. Ruinas de Cáparra. 63º Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, Cáparra. 95’ aprox.

Los pelópidas tienen muchos problemas y le piden ayuda a Phideos, un chisgarabís casado con Elektra. Ella era la esposa del rey Ántrax que, al modo de Ulises, salió de viaje y no ha vuelto. Ahora él regresa y se encuentra con este panorama.

Volvemos a Cáparra y otra vez los tebanos le piden cuentas al rey. Esta noche en clave de farsa. Así que, tras la emotiva tragedia de ayer, hoy Cáparra se estrena como escenario de comedias con una muy irónica y muy extremeña. Yo, que no soy de risa fácil, me temo lo peor. Sobre todo, tras La comedia de las mentiras que vimos la semana pasada en Mérida. Pero no. El texto de Jorge Llopis, en versión actualizada (que no traicionada) por Florián Recio, engancha desde el comienzo con un uso del lenguaje que produce ironías rimadas a un ritmo trepidante. Y no es teatro de resortes. De ese en el que uno ya sabe cómo va a terminar la escena y hasta cada frase. Los Pelópidas es un juego alegre que tiene en los referentes clásicos y en el hablar de esta tierra las bases para conseguir que esta hora y media resulte sumamente grata. Y junto a un buen texto y una buena puesta en escena (magníficas esas trampillas de las que emergen los personajes) los actores están también estupendos. Todos están magníficos pero Ana García sorprende especialmente con ese personaje alegremente distraído de Menestra al que ha dado el punto justo para convertirlo en el mejor contrapunto de todos los demás. Así que los de Suripanta han triunfado en Cáparra. Con su homenaje desprejuiciado al teatro clásico han conseguido que este lugar que ayer se estrenaba para la gran tragedia hoy lo haga para la buena comedia. La que es tan pertinente, magnífica y radical como esta.

viernes, 11 de agosto de 2017

Edipo rey

de Sófocles. Dirección: Denis Rafter.
una coproducción de Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida y Teatro del Noctámbulo.
con José Vicente Moirón, Memé Tabares, Gabriel Moreno, Javier Magariño, Juan Carlos Castillejo. Camilo Maqueda, Jesús Manchón, Francisco Quirós, Pedro Luis López, Javier Herrera, Ana Jiménez, Ana Márquez, Laura Ferrera, Pilar Brinquete, Vera Avellano y Nuria Mordillo.

11 de agosto de 2017. Ruinas de Cáparra. 63º Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, Cáparra. 105’ aprox.

La tragedia de Tebas será la de Edipo. Porque se ha comprometido con los dioses a conocer la verdad y a cumplir su voluntad. Así llegará a saber que ya lo ha hecho. Que intentando escapar a las profecías, sus padres y él las han cumplido todas.

Primera noche de Perseidas en Cáparra. Seguramente hace muchos siglos que este arco no las contempla acompañado por tanta gente. Hoy somos más de quinientos los que llenamos las graderías que han convertido estas ruinas en la cuarta sede del Festival de Mérida. Para llegar a ellas hemos recorrido un hermoso itinerario. Primero bajando de nuestras montañas para llegar entre dos luces a esta hermosa y solitaria dehesa en la que hubo una ciudad romana. Luego disfrutando de ese paseo levemente iluminado que nos ha hecho encontrarnos de frente con el arco, pasar bajo él como si fuera el mejor vestíbulo teatral en esta noche estrellada y finalmente tenerlo como fondo del escenario. Allí ocupa un lugar similar al de esas calles en perspectiva que un continuador de Palladio diseñó para Vicenza en el primero de los teatros en que el cielo está pintado. El ambiente es el de un estreno extraordinario en esta especie de off septentrional del festival de Mérida situado en un emplazamiento tan abierto como recoleto. Y para que en estas piedras antiguas resuenen palabras clásicas nada mejor que las del Edipo de Sófocles en la contenida y hermosa versión del Teatro del Noctámbulo. José Vicente Moirón está perfecto en dicción y presencia encarnando al más trágico de los reyes. La puesta en escena es sencilla y consigue integrarse y sacarle mucho partido a este singular espacio. Por lo demás, hoy la noche ha sido más que propicia porque si al comienzo de la obra las estrellas fugaces parecían festejar el regreso a la vida de esta ciudad bimilenaria, hacia la media noche la luna ha asomado por las montañas que nos separan del Jerte coincidiendo su luz con el desvelamiento de las verdades por las que Edipo queda ciego. Así que los cielos han querido acompañarnos en esta noche mágica en que este lugar ha vuelto a ser un hito, ahora de rutas tan cruciales como las de nuestra memoria literaria. Mañana y pasado volveremos. Y ojalá que estas noches de Perseidas con luna tardía y menguante sean las primeras de muchas en las que podamos disfrutar de buen teatro a la vera de este arco.